Cada vez más se está generalizando el uso del cigarrillo electrónico como alternativa al cigarrillo tradicional. A pesar de que esta metodología no provee directamente la consumición de tabaco, en aras de la exhaustividad, vale la pena mencionar su existencia. El cigarrillo electrónico es un dispositivo electrónico equipado con un vaporizador y un líquido que se vaporiza por el mismo. No hay cifras oficiales sobre el número de usuarios del cigarrillo electrónico, pero a manera de ejemplo en Inglaterra, donde el fenómeno está más extendido, para fines del 2012 la cifra de fumadores de cigarrillos electrónicos fue de unos seiscientos mil y ascendió a un millón en el 2013.
Aunque no hay un fluido líquido de nicotina, generalmente el líquido vaporizado en el cigarrillo electrónico contiene esta sustancia, con un porcentaje seleccionado por el consumidor. Por esta razón también los usuarios de los cigarrillos electrónicos, cuando inhalan este líquido que contiene nicotina, están sujetos a los efectos de la adicción. El cigarrillo electrónico no está basado en el fenómeno de la combustión, por lo tanto, no aporta la inhalación de todos aquellos cancerígenos que se emiten en la combustión del tabaco y el papel. El mundo científico ha adoptado un enfoque cauteloso hasta ahora, sobre los efectos de los cigarrillos electrónicos. Sin embargo, hay estudios tranquilizadores, recientemente los Cardiólogos Europeos han declarado que el cigarrillo electrónico no causa daño al corazón. Existe también un estudio conducido por la Universidad de Catania, el cual no excluye que el cigarrillo electrónico pueda ser de ayuda para aquellos que quieran dejar de fumar. En comparación con otros métodos, de hecho, permite mantener los gestos de los cigarrillos tradicionales además de evitar los síntomas de abstinencia.
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